martes, enero 24, 2006

Yo estuve allí - capítulo I

Estaba en el jardín podando los rosales con unos guantes para las espinas, el amarillo con tan pocas rosas, es difícil su proliferación, incluso creo que cada año tiene menos rosas y es más débil, no consigo esquejes que pueda reproducir, las veces que lo intenté no prendieron. Este rosa, bueno de dos colores rosa-blanco, todo lo contrario bellas flores y con esquejes fuertes, por eso tengo tres rosales y podía llenar el jardín de ellos. El blanco que bonito y tampoco es de los más vigorosos, me está quedando el jardín un poco arreglado para la llegada de la primavera. Aquí sobran unos brotes, si dejamos muchos luego dan menos rosas bellas, es mejor cortitos y quitar lo enclenque para que haya rosas hermosas, el rojo ¡ay! Me pinché. Vaya una gota de sangre que cae a la tierra ya decía yo que eran bien rojos sus pétalos, se encarga de vez en cuando de pinchar a quien le cuida para usar el color y pintar su belleza aterciopelada, me meto el dedo en la boca para parar la sangre y veo allá a lo lejos unas margaritas sencillas y corro a verlas, no sabía que en este tiempo florecían y no son pocas, medio campo, no son prímulas, dos personas veo sentarse entre ellas, levanto la mano en señal de saludo ¡vaya! parece que no me ven, están felices, corren se sientan, el la quita el pañuelo, ella se enfada y le empuja, el se cae y ella se ríe y se va, pero él la agarra de la pierna y la hace caer, él para procurar que no se haga daño pone su cuerpo de salvavidas, ella intenta levantarse pero él se lo impide, se enfada pero se rinde al abrazo, por fin se levantan y de la mano se van caminando entre las margaritas, me voy detrás de ellos y veo que van al río, hay nenúfares trozos de árbol, juncos y agua cristalina ¡vaya! También musgo, me resbalé, menos mal que había un tronco y pude llegar a asirme y no caer, en este tiempo está fresco el suelo y me hubiese puesto perdida, los chicos, no los veo, hay si ¡están allí! vuelvo a levantar la mano y la agito saludando, no me ven, van paseando y ¡OH! Recogen un nido, por estos parajes suele haber, aunque no es el tiempo de cría ¡que raro!. Lo ponen a asudio, él sube al árbol ágilmente y desde arriba coge el nido que tiene la chica en la mano, lo incorpora para que él pueda cogerlo y ponerlo en su sitio. Cuando baja se dan cuenta que hay una cría muerta, posiblemente de la caída, pobrecito, con un trozo de corteza abren un agujero y meten al pobre pajarillo dentro le tapan y mirando atrás un instante siguen andando y… vuelven a saltar y él coge un poco de agua y la salpica, ella le empuja, le dice algo que no oigo bien con claridad, entre contenta y enfadada y él la abraza y ella por fin abandona la lucha, pero en un descuido se escapa de él y sube la colina corriendo y él detrás, yo voy tras ellos es bonita la estampa que veo, unas casas que nunca había visto, un niño con un burro y tinajas en las canastras, lleva un palo pero no debe de usarle más que como juguete, el burro sabe donde va y van despacio, saludo al niño¡vaya! Va despistado. No me ha visto. La vereda del camino está lleno de césped “verde” y todo lleno de flores blancas, algunas amarillas y violetas, pocas, el camino lleva hacia la aldea, no se, nunca fui por aquí, ya que no recuerdo haberlo visto nunca, una señora sale con una palangana de agua y llama a un niño que sale y la señora le agarra y le dice ¡ven aquí malandrín! Mira que eres ganso, ven a lavarte esas orejas, siempre detrás de ti y el rufián trata de zafarse pero no le sirve de nada, le mete la cabeza y refunfuña como un cachorro, su madre le limpia cada hueco, cada surco cuando termina le da un azote suave y le dice ¡anda que si no está una detrás….hay! tira el agua y el niño se va, rojas las orejas de los agarrones, a jugar y con una sonrisa de oreja a oreja, está feliz es regordete y el pelo revuelto sobre la frente sus ropas muy livianas y agrisadas, no tanto de coloración natural como de lavados y zurcidos, el pantalón corto por encima de la rodilla y la camisa con dos botones, bueno quizá hay más, pero solo lleva esos abrochados, poca ropa para este tiempo,bueno su madre sabrá. Sigo mirando las casitas, son “distintas” un hombre mayor se asoma a la puerta de una de ellas, voy a saludarle, buenos días Señor. ¿Sordo quizá? Es muy mayor puede ser. Sale con un banquito que pone en un lugar del portal y se sienta al sol que alumbra como nunca, ahora que me doy cuenta, es raro ya que estamos en invierno y pareciera un día resplandeciente y estival….CONTINUARÁ


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