sábado, agosto 25, 2012

BUENA IDEA ANTE LA POBREZA -RENTA BÁSICA

ENTREVISTA A DANIEL RAVENTÓS, PRESIDENTE DE LA RED RENTA BÁSICA EN ESPAÑA

«Para ser realmente libres necesitamos gozar de una existencia material garantizada»


Un ingreso mínimo por el hecho de ser humano. Esto es lo que postula la filosofía —no se queda ancha esta palabra para este caso— de la Renta Básica, cuyos orígenes se remontan a Thomas Peine, un liberal británico del siglo XIX. Aunque la iniciativa adoptó diversas reformulaciones y argumentos, siempre mantuvo hasta hoy el espíritu republicano. En esencia, esta filosofía económica resalta el valor de la vida por encima de cualquier interés y posibilidad de lucro, y busca garantizar la libertad de todas las personas al permitir una independencia material mínima. Sin duda, un reclamo que contrasta con los valores que los poderes de facto inculcan — con éxito— en la sociedad contemporánea.
La derecha en general rehúsa la idea con vehemencia, y algunos sectores de la izquierda se muestran escépticos. El resto ve en la iniciativa una forma interesante de terminar con la pobreza en un territorio y, sobre todo los más ambiciosos, de asegurar las libertades democráticas de sectores de la población que hoy se encuentran excluidos por el mercado neoliberal. Sobre este punto insisten quienes impulsan el proyecto, en concreto, la Red de Renta Básica, una organización internacional de entidades cívicas que promueven el debate público de esta idea, que intentan que alcance el rango de ley y que adaptan el espíritu de esta filosofía a la realidad socioeconómica de cada país.
Teína entrevistó a Daniel Raventós, uno de los fundadores de la Red Renta Básica en España, en 2001, y presidente de la organización en este país. Aquí describe los fundamentos teóricos y prácticos de la medida, y brinda sus impresiones sobre el lugar que ocupa en la agenda pública nacional.
Definen la Renta Básica como un ingreso económico pagado por el sector público a cualquier persona por el hecho de ser humano. Bromas aparte, una idea algo utópica y que seguramente genera bastante malestar en los sectores de la derecha, ¿no?
La derecha reaccionó inmediatamente cuando la idea estuvo a punto de debatirse en el Parlamento. Días después de esta entrevista, la iniciativa ocupó la atención del hemiciclo español donde, como era de esperar, cosechó posturas divergentes]. El suplemento Expansión, portavoz de la derecha económica y de la patronal españolas, hace algo más de un año dedicó cinco o seis páginas —más editorial y portada— a la Renta Básica, y nos trató incluso de «liberticidas» a los partidarios de esta propuesta. Fue sólo una de las palabras que utilizaron; también emplearon otras como «comunistas con piel de cordero».
Se refiere usted a la propuesta de Ezquerra Republicana.
No sólo de Ezquerra; la presentación era también de Iniciativa Per Catalunya y Ezquerra Unidad, y además tuvo el apoyo del Partido Socialista. Lo único que pretendía esta moción en particular [hay más trámites que pujan por una medida de esta índole] es que se discutiera en una subcomisión parlamentaria las posibilidades y viabilidad de la Renta Básica. Mucho menos era una propuesta de ley firme, que sí existe. Me refiero a cuando este suplemento económico reaccionó frente a la sola aprobación de una subcomisión parlamentaria en el área de Bienestar Social para discutir, estudiar, analizar —eran unos términos muy generales— la idoneidad de la medida.
¿Y toda la izquierda española ha visto con buenos ojos esta propuesta?
Hubo reacciones de todo tipo. En principio, la izquierda fue, con excepciones, muy escéptica, sobre todo aquella que pone el acento en la importancia del trabajo remunerado, incluso en los últimos años algunos sectores se han manifestado en contra. Sin embargo, no hay duda de que la idea ha ido ganando corazones; por ejemplo, en el PSOE, donde hay sectores, como las Juventudes Socialistas, más favorables. Claro que, en este partido encontramos personas muy propicias, y otras más defensoras de una modalidad progresiva, a largo plazo.
Alaska es el único sitio del mundo donde, desde hace 20 años, existe una Renta Básica
Uno de los temas más polémicos es la viabilidad de la Renta Básica.
Hay una experiencia en Alaska, que es el único sitio de mundo donde, desde hace 20 años, existe una Renta Básica. Allí cualquier persona, a partir de los dos años de residencia, tiene derecho a recibir una renta fiscal como la que define nuestra asociación: sólo por ser ciudadano residente. El financiamiento proviene de unos fondos que surgen de las regalías del petróleo, por tanto está sujeta a las fluctuaciones del precio del crudo en el mercado mundial; de ahí que unos años haya más recursos que otros. Este financiamiento no es de mi gusto, ni del de mucha gente, pero es el único sitio del mundo donde existe la experiencia desde hace dos décadas. En este sentido, resulta interesante ver cómo la distribución de la renta en los otros 49 estados que integran EE.UU. ha evolucionado regresivamente; en cambio, en Alaska, con esta simple medida, la distribución ha sido mucho más igualitaria. No quiero decir, ni mucho menos, que no haya ricos en este lugar, ¡claro que los hay!; pero existe esa diferencia.

UNA MODALIDAD PARA CADA LUGAR

La red de Renta Básica abarca varios países, muchos de ellos pobres. El caso de la Argentina muestra una situación socioeconómica complemente distinta a la de España y, concretamente, a la de Cataluña. ¿Las formas de financiación y la viabilidad del proyecto serían, por tanto, distintas en cada país?
Sí. Cada sitio debe pensar la forma más efectiva de financiación. No es lo mismo impulsar una Renta Básica en Alemania o en Cataluña que en Brasil o en la Argentina. Muchos creemos que debe verse como una forma de redistribuir la renta, es decir, que se puede financiar de formas distintas; pero una muy buena —y esto lo apoyamos con un estudio que hemos desarrollado en Cataluña— parte de una reformulación del impuesto a la renta a las personas físicas. En otras palabras: ese impuesto debe servir para redistribuir la renta de los más ricos hacia los más pobres.
Y esto se aplica de distinta manera en cada caso.
Claro. Pensemos en Venezuela. Aunque no conozco su situación económica en profundidad, imagino que una buena forma de financiar la Renta Básica allí sería, en parte, gracias a las regalías de los petroleros. En la Argentina, al igual que en México, los partidarios de la idea  aprovecharán, cuando se dé, el debate sobre la renta fiscal para introducir la propuesta. En Europa está muy asumida la idea de que se debe pagar dinero según lo que se gana, los tipos impositivos acostumbran a ser progresivos... ¡Pero en la Argentina y en México pagar impuestos a partir de las ganancias conforma, para la derecha de esos países, una concepción propia de bolcheviques!
Uno de los requisitos para recibir la Renta Básica sería demostrar que uno es «ciudadano formal». ¿Cómo encaja esto con el fin de este proyecto —erradicar la pobreza allí donde se desarrolle— en un mundo globalizado donde la gente se traslada de un lado a otro, donde las fronteras físicas se quiebran por las posibilidades de comunicación y por las necesidades de buscarse la vida en los países ricos?
Antes de contestarle, quisiera ampliar un aspecto al que usted se refirió antes: la Renta Básica está despertando mayor interés en países pobres. Así como empezó siendo defendida por académicos y activistas sociales de países ricos, sobre todo de Europa, desde hace algunos años hay gente que conoce la propuesta en zonas como Timor Oriental —el segundo o tercer país más pobre del mundo—. Esa gente considera que si bien la propuesta no terminaría con los problemas que tienen, sí que les serviría para hablar de ellos en otros términos, puesto que asegurar la existencia material de la ciudadanía les parece casi imposible de conseguir, al menos en pocos años. La Renta Básica, en sus orígenes, surgió como una propuesta para el mundo, pero ocurre que se ha estudiado la financiación por zonas geográficas... Y es que no parece muy creíble desarrollar esta medida a escala mundial: en primer lugar, ¿cuál es el gobierno internacional que podría administrarla?; en segundo, ¿cuál sería la forma de financiarla? Lo que sí existe, por muy globalizada e interconectada que esté la economía mundial, son economías nacionales, con sistemas impositivos ad hoc. Ni siquiera la Unión Europea (UE) tiene un sistema impositivo único, continental: usted paga impuestos en Francia si vive allí, no paga impuestos a la UE. Entonces, si ya la Renta Básica parece una idea muy rara, cuando se escucha por primera vez dentro de un país, ¡imagínese una propuesta que se hiciera a escala internacional: parecería un cuento chino o una carta a los reyes magos!
Resultaría muy difícil de aplicar a efectos prácticos.
Claro. De todas maneras, tengamos en cuenta que socialmente el problema fundamental de las grandes migraciones son los pobres de los países pobres, y no los ricos de los países ricos. Las Islas Baleares [España] están llenas de jubilados alemanes, y eso no representa un problema; sí, en cambio, los pobres que llegan de África... Si hubiera una Renta Básica en estos países africanos, muchos de sus habitantes no necesitarían salir de allí a buscarse la vida, sin saber los resultados trágicos que pueden obtener.
 
REPERCUSIONES SISTÉMICAS DE UNA MEDIDA

En todo caso, la Renta Básica no busca combatir o cambiar el modelo socioeconómico capitalista, sino entregar a las personas un ingreso mínimo de subsistencia. No afecta al espíritu neoliberal en sí: el que más pueda acumular lo seguirá haciendo.
Si lo que me está diciendo es que la Renta Básica no acabaría con el capitalismo, tiene toda la razón.
Pero además no busca eso.
Bueno, eso depende de los autores o del activista concreto que la promuevan. Pero es evidente que no acabaría por sí misma con el capitalismo, entendiendo el capitalismo actual como que unos pocos centros de poder —las grandes multinacionales— deciden por la libertad de muchos millones de personas. En este sentido, la Renta Básica no podría contrarrestarlo radicalmente. Sin embargo, sí podría generar una serie de consecuencias que transformarían sin duda el capitalismo que conocemos. Por ejemplo, los trabajadores tendrían una capacidad de negociación con la patronal muy superior. Por otra parte, tendería a aumentar el salario de algunas labores para dotarlas de un mínimo atractivo, lo que afectaría a mucha gente, sobre todo a los más jóvenes, que hoy están obligados a aceptar «trabajos basura». En fin, tendría muchas más consecuencias: habría que ser bastante ciego para no ver que con una Renta Básica el capitalismo sería muy diferente.
O sea que también tendría consecuencias políticas, además de económicas.
¡Políticas y económicas impresionantes! Podría servir en caso de huelga, por ejemplo, como una caja de resistencia de los trabajadores. Es muy difícil actualmente aguantar un paro más de cinco días porque, si es legal, cada día es descontado del salario. Fíjese que quien hace las huelgas más duras dentro de España es el sindicado vasco ELA [Euskal Langileen Alkartasuna-Solidaridad de los Trabajadores Vascos], que es el único que tiene ese recurso, y cuando van a la huelga los trabajadores cobran, si no el 100 por cien, al menos una parte importante de lo que le descuenta la patronal. Y una Renta Básica podría cumplir la función de caja de resistencia. ¡Imagínese usted qué consecuencias políticas podría tener esto! La derecha entiende perfectamente tal función y por eso se opone con tanta vehemencia. La izquierda pone dudas más de tipo metafísico: que si acabará con el capitalismo —o cosas por el estilo—, que preocupa sólo a algunos —y me refiero a algunos: no a todo este sector— descerebrados de la extrema izquierda...
Otro de los criterios que utilizan para establecer la cantidad de la Renta Básica es el de «al menos el umbral de la pobreza». Se trata de una medida que varía considerablemente según el país de que se hable, ¿no?
Sin duda, es un criterio estadístico que sólo tiene sentido cuanto más pequeña es el área geográfica. Incluso, el umbral de la pobreza no tendría sentido a escala de la Unión Europea, por ejemplo, porque estaríamos abarcando una zona tan grande y países tan diferentes como Portugal y Alemania. El umbral de la pobreza es siempre una media, un 50 por ciento de la renta per cápita de la región donde se aplique; así que cuanto más pequeña sea ésta más sentido tendrá. Por ejemplo, tiene sentido en el conjunto del Reino de España o en el conjunto de la República francesa, incluso más si se establece dentro de Cataluña. Por ejemplo: el umbral de la pobreza en el conjunto de España estaría alrededor de unos 400 ó 400 y pico de euros mensuales (dependiendo también de la cantidad de personas que vivan juntas). Esta cantidad en Alemania, por el coste de vida, no tendría sentido, y en México o en la Argentina significaría un monto extremadamente alto.

MÁS ALLÁ DE LA POBREZA

Por otra parte, la pobreza se mide de distintas formas, unas más objetivas y otras más subjetivas.
Sí, pero ahora no estamos hablando de causas de la pobreza sino de medición estadística. Hay grandes diferencias técnicas de ver la pobreza, y aquí me refiero a la descripción que discierne entre las de tipo absoluto y tipo relativo. Estados Unidos y la Argentina son países que utilizan el primer criterio, mientras que la Unión Europea usa el segundo. Al final, las cifras que se obtienen son muy parecidas en ambos, aunque yo prefiero el relativo porque no puedes manipularlo. La primera la decide el gobierno, que dice: «La gente es pobre a partir de determinada cantidad», la cual surge de una cantidad de calorías y de otros parámetros. La pobreza relativa, en cambio, se mide a partir del 50 por ciento de la renta per cápita de una zona geográfica. Ahora bien, otra cosa es que nos creamos fielmente los valores del Producto Interno Bruto que nos presentan las autoridades y que tendremos en cuenta para realizar tal medición, que variará según ese dato.
En un sistema que se sostiene en la creación constante de necesidades para alimentar al aparato económico, ¿qué límites encontraría la medida que ustedes proponen?
Estoy de acuerdo con esa observación; de hecho, la Renta Básica de hoy no es como la que propondremos en 2012. Sin embargo, si la medida interesa tanto desde el punto de vista económico y político, no es porque esté pensada sólo para combatir la pobreza (y aun así creo que estaría bien respecto a lo que existe actualmente). El apoyo que recibe responde más bien a que se trata de una iniciativa que, intentando combatir la pobreza, va mucho más allá. En otras palabras: busca incrementar la libertad de buena parte de la población. Esto es lo que ha motivado tanto interés.
Sobre todo en una época tan paradójica como la actual: por ley existe libertad de expresión, de pensamiento y de asociación, pero las desigualdades sociales y económicas tremendas que existen impiden a miles de personas disfrutar de esas libertadas.
Efectivamente. Ésta es una de las preocupaciones y justificaciones de buena parte de los partidarios de la iniciativa: sin la existencia material garantizada, no existe libertad. Esto lo decía una persona tan poco revolucionaria como Joseph Stiglitz, el Premio Nobel de Economía de 2001: «Una señora de la India tiene libertad de expresión, ¿para qué le sirve?». Él estaba resumiendo en pocas palabras esta idea: quien no tiene la existencia material garantizada, no es libre.
La existencia material garantizada como una condición para desarrollarse como individuo, para desarrollar la autonomía personal y ejercer plenamente la ciudadanía, ha escrito usted. ¿Cómo se justifica la democracia hoy frente a realidades que contradicen cruelmente este principio?
Bueno, en determinado momento se hizo la ficción de que tener la libertad formal equivalía a tener la libertad real. Es decir, que la concepción de la libertad de hasta hace dos siglos era que sólo quien tenía la existencia material garantizada podía ser libre, y esto era posible exclusivamente para los ricos, para quienes tenían propiedad y eran independientes materialmente. Las mujeres, los domésticos, los trabajadores, en cambio, eran personas que, como dependían materialmente de los otros, no podían poseer libertades como el derecho al voto; por eso éste era censatario: sólo votaban los más poderosos. Así, cuanto más limitado de libertades un territorio, más rico había que ser para votar. Más tarde, simplificando mucho la historia, se hizo la ficción de que, aunque se fuera pobre, se podía ejercer el derecho ciudadano y se era libre. Pero esto es una ficción porque, como dije, sin independencia material no existe la libertad.

ALTERNATIVA PARA LA IZQUIERDA

¿Qué esperanza tiene usted de que se apruebe este proyecto en Cataluña?
Ahora para qué nos vamos a engañarnos... Otra cosa es que me pregunte cómo veo la cosa para dentro de tres o cuatro años, que a lo mejor está mucho mejor. También es verdad que hace ocho años, si me lo hubiese preguntado, no pensaba que habrían andado las cosas tan bien como hasta ahora, es decir, que se llegaría a debatir la idea en partidos políticos, en sindicato, en movimientos sociales. Se trataba entonces de una iniciativa desconocida en casi todas partes, lo cual no quiere decir que hoy sea muy conocida.
Muchos de estos proyectos de izquierda que tienden a igualar la condición socioeconómica parecen terminar sólo en buenas intenciones o, como mucho, encarnando proyectos sólidos, pero pocas veces logran superar la barrera de las propuestas.
Es cierto. Con la Renta Básica lo que pasa es que determinados miembros de partidos políticos han visto que es una idea atractiva en muchos sentidos y que se aparta de las tradicionales. Estas potencialidades son las que han permitido que se intente al menos discutir en determinados partidos. Ahora bien, más allá de que sea una propuesta muy interesante, se trata de una medida conflictiva porque beneficia mucho más a unos que a otros: los ricos salen perjudicados, y no sólo desde el punto de vista monetario. Y es que, aunque seguirían siendo ricos, la implementación de una medida de este tipo puede conllevar unas transformaciones políticas y económicas inconvenientes para ellos. Así que este proyecto obliga a ser valiente para defenderlo: no cuela que un partido diga que beneficia a todo el mundo con ella. Por eso los más inquietos intelectualmente y los que se dan cuenta de que la izquierda no ha ido sobrada de ideas en los últimos 30 años son quienes ven esta propuesta con más simpatía.